La dieta mediterránea ha ido evolucionando durante miles de años. Antiguamente las comidas se acompañaban con pan, aceite de oliva y vino… casi como en nuestros días.
Los griegos llevaron el cultivo del olivo y de los viñedos hacia occidente: Sicilia, Italia, norte de África y España. La aceituna, un fruto originario de la región mediterránea, fue utilizada por los antiguos para cocinar, y también para hacer perfumes y aceites de baño.
Los beneficios para la salud de la dieta mediterránea fueron estudiados en primer lugar por el Prof. Ancel keys de la universidad de Minnesota (usa), en el año 1958; comparo la relación entre dieta y enfermedades del corazón en 12.000 hombres sanos de mediana edad de siete países diferentes. En este estudio, conocido como “estudio de los siete países”, Keys analizo, por mas de 20 años , las dietas de hombres residentes en Finlandia, Grecia, Italia, Japón, Holanda, los estados unidos y Yugoslavia, keys descubrió que las propiedades saludables para el corazón de la dieta mediterránea, particularmente del aceite de oliva, eran muy evidentes en creta, donde la población rural consumía cantidades importantes de aceites de oliva ( el 40 % de las calorías de los isleños provenía del aceite de oliva ), comía poca carne y consumía grandes cantidades de cereales, verduras y frutas. El destacado estudio de keys marco el rumbo hacia el consiguiente y continuado interés por esta forma de vida saludable.